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03 de Julio, 2018 Impresión
Cuadragésimo aniversario del Tratado de Cooperación Amazónica (Ministro de relaciones exteriores de Brasil)

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ALOYSIO NUNES FERREIRA

Ministro de Relaciones Exteriores de Brasil

El Tratado de Cooperación Amazónica (TCA) llega hoy a los 40 años. Con una población de unos 40 millones de personas, 385 pueblos indígenas y ciudades de cientos de miles de habitantes, la Amazonia ocupa el 40% del territorio sudamericano. Contiene el 20% del agua dulce de la superficie del globo, alberga la mayor floresta megadiversa del mundo y es el hábitat del 20% de todas las especies de fauna y flora existentes en el planeta.

A pesar de estos números "amazónicos" y de la obvia importancia estratégica de la región para la seguridad y el desarrollo sudamericano, el área recibió históricamente menos atención que la debida. Esto comenzó a cambiar en la segunda mitad del siglo XX. En el caso de Brasil, algunos marcos fueron la creación del Instituto Nacional de Investigaciones de la Amazonía (INPA), en 1952; la conexión por carretera Belém-Brasilia; la creación, en 1966, de la Superintendencia de Desarrollo de la Amazonía (Sudam) y la revitalización económica de Manaos a través de su polo industrial. 

Todos estos desdoblamientos, y muchos otros, con sus costos y beneficios, sus implicaciones positivas y negativas, llevaron a una mayor integración de la Amazonia a Brasil. También consolidaron, paulatinamente, la convicción de que el desarrollo sostenible de la región amazónica es fundamental para todo el país.

La firma del Tratado de Cooperación Amazónica en 1978 y la creación de la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA) en 1998, con sede en Brasilia, forman parte de esa historia de "redescubrimiento" y "revalorización" de la Amazonia, a la que tanto contribuyeron personalidades como el embajador Rubens Ricúpero, el principal mentor del TCA.

Aquellos actos diplomáticos ayudaron a los países amazónicos a entender que muchos de los desafíos y posibilidades propias de la región son compartidos y, en muchos aspectos, sólo podrán ser debidamente ecuacionados si lo son conjuntamente. Esto explica la diversidad de los temas objeto de los proyectos de cooperación en el marco de la OTCA, tales como el monitoreo de la cobertura forestal, la gestión de recursos hídricos transfronterizos, la prevención de epidemias, la protección de pueblos indígenas, las políticas sociales y el establecimiento de base de datos para el intercambio científico.

En esa década que se avecina, la relevancia política y práctica del Tratado y de la Organización será aún mayor, ya que deberá continuar creciendo la conciencia de la importancia de la Amazonia a todos los títulos, en particular en materia ambiental. Un obvio ejemplo es el cambio del clima. Estudios recientes sugieren que la Amazonía debe ser una de las regiones más expuestas a las consecuencias del calentamiento global.

La disponibilidad de recursos hídricos es uno de los determinantes de sus ecosistemas, y cambios en los niveles y patrones de precipitación, derivados de variaciones en la temperatura global, ya están afectando profundamente su funcionamiento. Esto es decisivo no sólo en lo que se refiere a la preservación de la biodiversidad de la región, sino también a la prosperidad de buena parte de sus millones de habitantes, cuyos medios de vida dependen en buena medida de la disponibilidad de recursos hídricos.

El desafío del cambio climático y sus impactos en la Amazonia ilustran la centralidad del concepto de sostenibilidad en la acción de los Estados en favor del desarrollo de la región. No por otra razón, la Agenda Estratégica de Cooperación Amazónica (AECA) 2019-2030, en preparación, tiene en el desarrollo sostenible su piedra angular. Sus objetivos y metas estarán estrechamente alineados a la Agenda para el Desarrollo Sostenible 2030 y al Acuerdo de París.

Hay, por lo tanto, razones para celebrar el cuadragésimo aniversario de la firma del TCA y fundadas razones para el optimismo en cuanto al futuro de la OTCA. A los países amazónicos cabe la tarea, ardua, pero factible, de transformar desafíos comunes en oportunidades para todos. Brasil, que ejecuta con éxito varias políticas sectoriales de particular relevancia en la Amazonia y que contribuye con significativos recursos materiales y humanos para la cooperación amazónica, seguirá haciendo su indispensable parte.

Fuente: Correio Braziliense, 3/7/2018



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